
Estoy pensando. Debe funcionar así: hay una idea que pregunta si puede entrar a mi cabeza, seguramente ella le responde: cómo no, adelante. La idea se acomoda en alguna parte acolchonada, cree que es aceptada. Una de mis ideas originales se encuentra con ella, y sin ser precavida le mete una zancadilla. Ambas, como buenas ideas femeninas, se toman de los pelos y se abofetean las mejillas. Sin saber qué está sucediendo, yo, dormida, clamo clemencia y una aspirina. Cuando alguna de los dos caiga y la otra, encimada a ésta, derrote, yo podré saber qué es lo que realmente anhelo, pero por ahora pienso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario