porque fuiste siempre un espejo terrible, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras de lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro .
No hay comentarios:
Publicar un comentario