viernes, 23 de mayo de 2014

"River es la fidelidad en la desgracia.
Y también la felicidad en la desgracia." 
Ser de River. Andrés Burgo.



Hace varios días que me siento inquieta, que mi corazón se acelera sin previo aviso; también se asoman algunas lágrimas. Con todo esto que estoy diciendo quizás empiecen a creer que estoy perdiendo la cabeza, yo lo creí al principio, pero la verdad es que lo que me pasa tiene un nombre, un sentimiento. Y ese sentimiento es River.

¿Cómo estoy tan segura de que es por River? Porque recuerdo perfectamente el momento en que lo empecé a sentir. Fue como si todos los planetas se fusionaran, como si se iluminara una parte de mí que yo no conocía... como si hubiese conocido al amor de mi vida. No, "como si..." no. Fue conocer a uno de los grandes amores de mi vida. Y si, ya se lo que están pensando. "Que estúpida", "Que amarga" o "Que puede saber esta piba". Creo que en el momento que me pasó sentí lo mismo y pensé todas esas cosas de mí. Ahora se preguntaran por qué estoy contando todo esto... Es simple, y la culpa es de ustedes... sí, no me miren así, es de ustedes... ¿No eran ustedes los que se la pasan preguntando "qué se siente"? Bueno, muchachos, llegó el momento. Yo se los voy a decir. 

Era muy chiquita y justamente por eso, no sabía casi nada de muchas cosas (o de todas en general) pero por suerte tenía a alguien que estaba capacitado perfectamente para enseñarme todo lo que yo quería y creía necesario tener que saber. Empece por lo mas fácil, sí, pero la verdad es que era lo que más me intrigaba. No se si alguna vez les conté que yo, prácticamente, me críe con mis abuelos. Tito y Ñata. Dos grandes, dos increíblemente genios que me enseñaron todo lo que yo necesitaba saber, que me acompañaron, me guiaron, me protegieron y me mimaron hasta el ultimo aire de sus días. Podría decirse que de ellos aprendí casi todo, porque eran una enciclopedia abierta. Un mundo lleno de conocimientos. Así que una tarde, fui a sentarme a los pies de Tito (como me gustaba) para saciar mi necesidad de conocimiento, para aprender un poco más y entender ese mundo de adultos que tan maravilloso me parecía y tan desconocido y lejano era para mí. 

Me senté a sus pies, como ya dije, y después de observarlo durante un rato largo, busque el momento perfecto para no interrumpirlo en sus labores cotidianos y le pregunte: ¿Qué es el fútbol? ¿Cómo podes saber de que equipo sos? Entonces empezó a hablar. Me explicó todo. Menos lo más importante. Sí, entendía el deporte, entendía las reglas, pero me faltaba algo... me faltaba eso que parecía detener al mundo. Yo quería saber como se sentía el fútbol. No qué era. Así fue como me dio la primer lección indescifrable que me iba a dar en mi vida (por la cuál creí que no me había entendido y que necesitaba encontrar otro mentor) (por suerte no duro mucho mi desilusión): "Yo no puedo decirte simplemente qué se siente ni cómo se llega a sentir eso, porque eso esta ahí. Es fútbol. Es totalmente racional, es ajeno a nosotros, son colores, es una pelota y 22 hombres corriendo detrás de ella... sí, todo eso es cierto. Pero todo eso hace que tu corazón quiera salir desbocado de uno. Te dan ganas de levantarte, de hacer promesas. Es un poco como el amor. Sentir algo por el fútbol es casi como estar enamorado. Nadie puede explicarlo, pero tampoco se puede dejar de sentir."


Fue en ese momento cuando nombró a "La maquina". Tito era hincha de San Lorenzo, porque como todos nosotros, esos colores lo enamoraron y él no pudo negarse. Pero hubo un tiempo en que se separó de su amor incondicional y puso los ojos en otro lado, en un lugar glorioso (y acá lo estoy citando). Estuvo hablando sobre ese equipo durante horas y horas, contándome anécdotas, goles, jugadas... hasta me obligó a leer un libro que hablaba de ellos. Los nombraba con tanta pasión que yo llegue a creer que formaban parte de la primera junta. Cuando me preguntaron en el colegio quienes eran los integrantes del comienzo de nuestra historia, yo respondí muy segura de mí: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.




Tuve tanto miedo de que la maestra le dijera a mi mamá que su hija era una burra, a pesar de que le había hecho prometer que no diga nada y le haya confesado mi historia, que fui a contarle a Tito, para que me de un consejo. Estuve toda la tarde esperando el momento, pensando en cómo decirle, no quería que sintiera que mis conversaciones con él estaban arruinando mi pequeño cerebro. Pase horas y horas con esa angustia, hasta que llegó la noche. 

Ñata estaba lavando los platos. Mi mamá ya se había dormido y Tito... Tito estaba como siempre, mirando fútbol. River Plate- América de Cali. Y cómo si me hubiese leído la mente me miró y me dijo: "vení, sentate. ¿Te acordas de la maquina? (¡Como no hacerlo!) Bueno, la máquina es parte de ellos. La máquina es una de las tantas cosas increíbles que tiene River."

Entonces pasó lo inevitable. Me enamore por primera vez en mi vida. Ahora que lo pienso a la distancia, me doy cuenta de lo imposible que hubiese sido que no me pasara. Almeyda, Ortega, Francescoli, Sorin, Crespo... Y después vinieron Saviola, Aimar, D'alessandro, Dominguez, Cavenaghi... Y así podría seguir y seguir toda la noche. Eso sentí: amor. Puro. Podía sentir como mi cuerpo se transformaba y mi corazón latía por esos goles. Dos, para ser mas precisa. Y ese lugar tan increíble e inmenso (otro dato infantil: pase muchos años escribiendo "inmenzo") que parecía tan vivo. 





Mi abuelo tenía razón. Lo que se sentía era simplemente inexplicable. Era desenfrenado, era inevitable. Amabas y punto. Y por ese amor eras capaz de sobrevivir a las peores tragedias. Te bancabas las cargadas, te bancabas que te cataloguen de gallina, de amargo, de puto y cagon. Por ese amor te bancabas todo. Hasta la B nacional te bancabas. Porque ustedes pueden seguir diciéndome que esa es una mancha imborrable que no se va a ir nunca y yo ¿saben que les digo? Ojala no se vaya nunca. Porque River es eso. Y amar a River es ponerle el pecho. Es sentirlo siempre, en las buenas y en las malas mucho más. Es ser un poco como El chori y Cavenaghi y volver cuando las papas queman. Es destruir lo que sentís de furia, pero volver al otro día para arreglarlo todo. Porque el amor es así: irracional. ¿O ustedes me van a decir ahora que siempre trataron a las personas que aman con cariño y respeto? No, no se gasten en mentirme. A veces uno ama tanto que se le sale la cadena. A veces uno ama tanto que cuando lo lastiman, hace lo que sea posible para dejar de sentir ese dolor. 






Porque lo malo de sentir amor por River es eso, que muchas veces se lo coloca en un lugar terrenal y lo tratamos como si fuese nuestro novio infiel. Ese novio infiel que te lastima, pero que igual perdonamos porque no lo hizo apropósito o porque lo amamos demasiado. Pueden decir lo que quieran de nosotros: que puteamos y silbamos a nuestros jugadores, que destruimos nuestra casa, que dejamos de sentirnos hinchas y la verdad es que sí. La verdad es que todo lo dicen es cierto. Pero a veces en el amor, como en la vida, es preciso barajar de nuevo. Y eso sucedió con River y fue así como se sintió. 

Ustedes, los que son hinchas de otros clubes, porque se enamoraron como yo, o simplemente porque alguien "los hizo de...", van a decir siempre lo mismo. Van a cargarnos y no van a dejar que nosotros nos olvidemos de eso. Pero a mí  no me molesta. Porque no lo vivieron como yo lo viví. Porque para ustedes sería una tristeza, lo que para mí fue un renacer. Ustedes van a decirme que nos caímos, yo voy a decirles que nos levantamos y por eso somos mas "inmenzos" que nunca. Porque es fácil galardonarse de grandes. Es fácil sentirse invencibles. Se de lo que hablo porque así nos sentíamos. Pero grandes de verdad, grandes somos ahora. Ahora que supimos caernos, para poder levantarnos. Que nos re acomodamos y que volvimos a ponernos en ese lugar que nos corresponde. Ustedes sigan contando goles, campeonatos, copas internacionales... sigan cargando y hablando de nosotros. Porque no importa cuantas cosas pasen, ni que digan, ni que hagan. Ni siquiera importan las categorías. Porque aprendimos lo más importante: El amor te acompaña a donde vayas. Juegues donde juegues, estés donde estés. El amor va con vos. Con ídolos o sin ídolos, con o sin cancha... ganes o pierdas. River es amor. Y el amor va con uno a todos lados. Y eso es, básicamente, lo que se siente. 




River Plate, tu grato nombre / derrotado o vencedor. / 
Mientras viva tu bandera, / la izaremos con honor.