Siempre había sido una chica dura. De las que abría los ojos a sus amigas cuando se enamoraban de un chico que no les convenía. De las que decía que nunca aguantaría ciertas cosas.
Y ahora el chico al que tiene la mala suerte de querer cree que el desinterés es amor, y que los besos son amor.
De alguna manera lo dejó. Pero ahora, cuando lo echa tanto de menos, cuando piensa que quizá las cosas buenas superaban las malas... Que él era así y que la quería como era. Y, sobre todo, cuando piensa en que para qué sirve el orgullo sino para evitarnos vivir momentos inolvidables… entonces… Entonces le gustaría no haber sido consecuente, sino una idiota más de las que se tapan los ojos cuando no les gusta lo que ven.
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