
"Su café cortado ya no existía y mis cigarrillos tampoco. Mi Coca Cola Light quedó a medio tomar, al rayo del sol, que ahora me iluminaba sólo a mí. Entonces le dije que me hiciese caso y él prometió no volver a escribirme, ni a llamarme, ni nada que se le parecisese. Aceptó, no le costó nada hacerlo.
- Esto me duele en el alma - dije-. Yo sigo enamorada de vos.
Nos quedamos en silencio y él llamo al mozo con señas. Pagó y me propuso que nos fuéramos, dando por terminada la charla. Caminamos y sentí su mirada en mi cuerpo..."
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